A ningún niño le molestan los ruidos. Nada les separa de sí mismos. Poner al ruido contra el ruido puede ser una buena estrategia para hacer música, pero hay que ser un niño -es decir, dejar de fingir ser un adulto, que es lo mismo que dejar de fingir- para tener éxito en ese empeño: vivir como algo divertido.
Aquí un arma para someter a los taladros: Micachu & The Shapes.
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