La Ninfa Glaria cuenta la historia de Circe y Odiseo

Servía yo el vino en vaso de oro al gracioso Hermes estando éste pendiente, con hermosa sonrisa en su boca, del quehacer de mi divina señora Circe, la de las grandes trenzas, en su eterno telar.

Tras dar un trago, el hermoso conocedor de los caminos rompió el silencio dejando salir su suave voz:

– Viene hacia aquí, con el ánimo cansado, el divino Odiseo. Es mi capricho ayudarle en su empeño pues, si su viaje le trae a tu casa huyendo de la negra muerte, yo he de sacarle de tu casa para guiarle al Hades donde hallará su destino.

Mi señora, sin dejar de hilar contestó- es hermoso ese Odiseo, prepararé mi despensa para los cansados viajeros.-Y antes de retirarse, se acercó a Almar, un león que dormita casi todo el día en algún rincón de la casa, y lo acarició entre las orejas, obteniendo un feliz y fuerte ronroneo.

Y ya no supe más sobre el poderoso Odiseo hasta que no avistaron las velas de una negra nave. Zelis, el gran ciervo, se apresuró a olisquear cuanto pudiera acerca de los visitantes. Antaño un osado mago, Zelis quiso robar sus secretos a un dios, y mi señora, con su gracia, le otorgó su forma verdadera. Tras el merecido castigo había abandonado el hybris por la inocencia de las bestias, pero su ingenio intacto lo hacía curioso ante cualquier novedad.

No pasó si quiera la mañana cuando fui requerida para servir de nuevo a los dioses. Cuando me presenté con la jarra en la gran sala del telar, mi señora empuñaba furiosa su varita señalando con ella los últimos dibujos del enorme tapiz.

-Esa bestia, ese divino Odiseo, tal y como era de esperar en un héroe, incautos y salvajes todos ellos, ha tomado la vida de mi ciervo sin permiso ni respeto. No es sino su mal juicio el que lo ha traído hasta aquí. ¡Me resarciré y le daré a ese animal su verdadero aspecto para que halle la paz en mi morada!, ¿por qué toman las bestias el aspecto de hombres?.

El Señor de lo que se encuentra y de lo que se pierde, viéndome pasmada, levantó su copa y con aladas palabras habló:

-Sí sin permiso, pero con respeto. Agradeció a la bestia su ofrenda y elogió su portentoso tamaño. ¿No es acaso este encuentro justo? ¿No es digno del ciervo servir de alimento a hombres audaces y hambrientos? ¿Acaso has tomado de Artemisa su recelo por sus bestias y su desprecio a la compañía de los hombres?

La sonrisa de quien conoce los secretos caminos calmó la furia de mi señora, hija de titanes que, cambiando repentinamente el tono a uno más dulce y sereno, pero tajante, habló:

-Quiero un pago a esa afrenta.

-Vamos -replicó Hermes acercando el dorado vaso a sus labios-, seguro que hay una forma de compensar el agravio y ayudar a ese hombre tan justo y hermoso.

-Y osado- replicó mi señora, la de hermosas trenzas-, lo quiero en mi cama, y de sus hombres haré una piara de cerdos de nueve años.

-Odiseo no se someterá -replicó Hermes dejando el vaso en mis manos-, no será un hombre lo que tengas en la cama.

-Pues que sea un hermoso león -Contestó Circe, divertida.

-Hija del Sol, nunca has sido cruel más que lo justo. Te ayudaré a que se someta de forma voluntaria y con ímpetu. Pero has de dejar que continúe su viaje cuando estimes oportuno. Se me ocurre una pequeña argucia y será divertido. Pasas demasiado tiempo aquí, en tu telar, y necesitas más compañía que los pacíficos animales.

-No soy la hermosa Ártemis, lo sé -dijo mi señora- tal vez debería ser sabia como la divina Atenea.

-Pues hagámoslo. Haz un buen fuego, que vean la casa. No vendrán todos porque te temen, así que haré que, cuando venga un grupo y lo echen a suertes, el gracioso Odiseo no se encuentre entre ellos. Ese grupo serán tus cerdos.

Luego vendrá Odiseo, atemorizado, buscando liberar a sus compañeros. Yo me cruzaré en su camino y le ofreceré una hierba diciendo que es el antídoto a tus pociones. Que, llegado el momento, ha de amenazarte y que tú, por temor a su espada, le ofrecerás compañía en el lecho.

-¿Y creerá eso?-dijo mi señora, a la que nunca deja de sorprenderle la estupidez de los héroes.

-Y mucho más- contestó audaz el señor de lo que se encuentra y lo que se pierde- le diré que debe obtener tu palabra de que, una vez en la alcoba, no le robarás con argucias su hombría para reírte de él. Ayudaría que antes liberaras a sus compañeros.

-Así sea, pues. No desoiré tus consejos.

El Mensajero se marchó y mi señora me miró divertida. Jugando con mi pelo me dijo:

-A Hermes le gustan los juegos. Sea. Pasarán aquí un año hasta que partan al Hades. Prepara el fuego. Vamos a ver qué animal tiene dentro ese divino Odiseo.

Los primeros días la casa resonaba con los lloros y los lamentos de esos hombres desdichados. Después, una vez descargado su corazón de temor, fueron una compañía grata y dichosa. En su momento, cuando recordaron el olor de su patria, tras un año como dijo mi señora, zarparon.

Circe ofreciendo la copa a Odiseo

Para leer la versión de Odiseo contada por Homero, ver el canto X de la Odisea aquí.

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~ por Kiko en 29 Oct 07.

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