La oficina

Con actitud dispuesta, ánimo contrariado y atención dispersa, el joven aspirante llegó al trabajo. No sabía nada de su puesto y buscó, infructuosamente, cualquier detalle que pudiera darle algo de información.
Se trataba de un local con grandes ventanales a la calle y el joven le dio el nombre a una secretaria que le condujo hasta un hombre de edad madura que se presentó dando el nombre de Juan, le condujo por un pasillo hasta un despacho con una mesa, le invitó a sentarse, y le dijo, con cara muy seria, que debía permanecer allí fingiendo que escribía o hacía cálculos, que hablaba por el teléfono con auriculares o que contemplaba subrepticiamente páginas de Internet.
En un principio el joven, que se llamaba Andrés, escuchó perplejo convencido que se trataba de una broma de los empleados, pensó que era un buen lugar de trabajo, luminoso y con sentido del humor. Juan le explicó que se esperaba de un momento a otro la llegada de un importante inversor de la compañía, y que debían aparentar una plantilla lo más cuantiosa y dinámica posible, Andrés afirmó haberlo entendido todo a la perfección con ánimo de seguir la broma e integrarse.
Andrés esperó, fingiendo, al menos una hora hasta empezar a inquietarse. Tal vez pensó que estaba bien eso de seguir una broma, pero que tampoco debía pasarse y ser el hazmerreír de su empresa, tal vez fue por pura curiosidad, la cuestión es que Andrés se levantó de su sitio en busca de la carcajada final. Pero allí, de vuelta en el pasillo, sólo se escuchaba el respirar del aire acondicionado. Al fin, un poco impaciente y falto de confianza, Andrés abrió la primera puerta que encontró a su paso. En un despacho exactamente igual al suyo, una mujer se esmeraba en su teclado, escribiendo a toda velocidad, quizá demasiada, algo que se había escrito previamente en un papel, ella le saludó por su nombre, y Andrés le devolvió el saludo para regresar después, confuso, a su puesto. Terminó de fingir hasta el final la jornada y cogió el coche hasta su casa con un sentimiento extraño de culpabilidad.
Cuando llegó le costó reconocer a su novia, y una sensación de falsedad lo había impregnado todo.

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~ por Kiko en 29 Feb 08.

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