La Realidad Envenenada

Rompiendo el vínculo que nos ata a los medios de manipulación.

¿Qué son en realidad los medios de comunicación de masas?

No les caracteriza el diálogo, pues el receptor es un mero sujeto pasivo que no puede más que reaccionar al mensaje. Carece siempre de iniciativa, por lo que nunca define el tema a tratar ni decide cuándo hacerlo.

Conforme el poder se concentra en menos manos, la iniciativa para comunicar depende de menos agencias. Se decide en un despacho que un hecho cualquiera cobre importancia y a las pocas horas todo el mundo ocupa sus pensamientos en eso. Así que no hay comunicación sino sólo mensajes y no son de masas sino para masas.

Parecía que Internet debía cambiar la situación democratizando la información, convirtiendo el monólogo en diálogo, pero las cosas se han dado de otra forma. En los medios independientes se comenta, se matiza el mensaje previamente lanzado por el poder, como si no hubiera otro tema de conversación que lo que se ha dicho en la tele o escrito en el periódico. Este hecho nos enseña la verdadera función de los medios de comunicación de masas: presentarnos el mapa de un paisaje social que nosotros convertiremos en territorio. Hacemos real su mentira ocupando nuestro tiempo en ella, aunque sea para desenmascararla. Mientras no ganemos la iniciativa al poder sobre en qué ocupamos nuestros pensamientos seguiremos siendo sus esclavos.

Los medios están armados con un nivel distinto de alienación para cada tipo de objetivo. El mensaje en sí – el plenamente literal y el sugerido bajo una fina capa de subliminaridad- es para el ciudadano sumiso y obediente, creyente fanatizado cuyo sentido común ha sido atrofiado hasta que sólo es capaz de consumir la realidad a medio digerir que le venden los medios, incapaz de masticar ya los hechos que ocurren en su medio social real.

El debate que genera el poder, viciado de antemano por el contenido del mensaje, por el contexto artificial formado por otros mensajes y por los hechos del momento del lanzamiento, no sólo sirve para que el ciudadano creyente se exprese como tal, reafirmándose; su otro objetivo es ocupar los pensamientos de quienes lo rechazan, es decir, causar la reacción y generar la controversia envenenada de antemano pues el crítico no puede crear apenas nada con el rechazo.

Los medios de comunicación nos vinculan, nos atrapan como entre dos espejos enfrentados, en un diálogo de besugos yermo. De esa forma  nos pueden tratar como masas, pues nos homogenizan y nos pueden someter al unísono.

Pero es cierto que con ese instrumento el poder moldea una parcela de la realidad, y no se puede negar esa realidad cerrando los ojos. Hay que protegerse de su vínculo y desenmascararlo, pero no dejar que esa crítica llene todo nuestro horizonte, ni que el pesimismo de su mensaje nuble nuestros corazones. Hemos de ocuparnos en compartir nuestra realidad –que no la de ellos- y en el diálogo con la realidad que es en realidad una condición para ser recuperar nuestro mundo, que está ahí, esperando a que le prestemos nuestra atención.

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~ por Kiko en 27 Abr 10.

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