El trabajo del jardinero

Cada vez que el jardinero podaba, ramas nuevas, verdes ramas, salían de la herida. Si éste olvidara su trabajo, el árbol habría crecido con la forma del viento y del rayo, pero ahora eran la cruel sierra, el hacha, la tijera y el alambre, las que esculpían su forma año a año.

El jardinero de ahora se había empeñado en darle una forma geométrica (otros querrían hacerlo crecer hasta las nubes). Pero un árbol no puede ser una montaña o un río. Un árbol es un árbol aunque pueda parecerse a una montaña.

Los jardineros, conocedores de su arte, saben adaptarse al crecimiento natural de la naturaleza. Saben qué heridas despiertan de su sueño a qué yemas. Un buen jardinero hace que el árbol, corte a corte, daño a daño,  se aleje de su naturaleza tanto como su naturaleza se lo permite.

Los verdaderos maestros, los que inventaron los manuales, guardan el secreto de que un árbol lleva dentro una montaña.  Y es ese el verdadero objetivo de su arte, hacer del árbol otra cosa. Y después, sobre la montaña que una vez fue árbol, ha de continuar su trabajo sobre el bosque, pues la montaña tiene dentro también un árbol.

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~ por Kiko en 12 Nov 10.

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